
La impugnación de sanciones laborales es el mecanismo mediante el cual un trabajador puede recurrir una sanción disciplinaria impuesta por su empleador si considera que es injusta, desproporcionada o carece de fundamento legal. Este procedimiento está regulado por el Estatuto de los Trabajadores en España y otros marcos normativos específicos según el país.
¿En qué consiste la impugnación de una sanción laboral?
La impugnación de una sanción laboral es el derecho que tiene un trabajador para recurrir una medida disciplinaria impuesta por su empleador si considera que es injustificada, desproporcionada o contraria a la ley. Este proceso permite al trabajador defenderse y solicitar que la sanción sea revisada, modificada o anulada. Además, es una manifestación del reconocimiento de los derechos laborales, ya que el ordenamiento jurídico garantiza que ningún trabajador pueda ser sancionado de manera arbitraria o sin justificación. De esta manera, se protege el derecho a la defensa, la proporcionalidad en la aplicación de sanciones y la tutela judicial efectiva, promoviendo relaciones laborales justas y equitativas.
Fundamentos de la impugnación
Un trabajador puede impugnar una sanción si existen irregularidades en su aplicación. Algunas de las razones más comunes para recurrirla incluyen:
- Falta de justificación: La empresa no presenta pruebas suficientes de la falta cometida.
- Desproporcionalidad: La sanción es excesiva en relación con la gravedad de la falta.
- Incumplimiento del procedimiento: No se ha respetado el proceso legal para sancionar.
- Vulneración de derechos fundamentales: Si la sanción se impone por razones discriminatorias o como represalia.
- Prescripción de la falta: La empresa impone la sanción fuera del plazo legal establecido.
Pasos para impugnar una sanción laboral
El trabajador tiene varias vías para recurrir la sanción, dependiendo del nivel de conflicto con la empresa.
1. Reclamación interna ante la empresa
Antes de acudir a instancias legales, el trabajador puede presentar un escrito de impugnación dirigido al departamento de Recursos Humanos o a la dirección de la empresa, solicitando la revisión de la sanción. En algunos casos, esto puede resolver el problema sin necesidad de recurrir a la vía judicial.
2. Conciliación en el SMAC o similar
Si la empresa no revoca la sanción, el trabajador puede acudir al Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC) en su comunidad autónoma. En este proceso, ambas partes intentan llegar a un acuerdo con la ayuda de un mediador.
3. Demanda ante el Juzgado de lo Social
Si no hay acuerdo en la fase de conciliación, el trabajador tiene derecho a presentar una demanda ante el Juzgado de lo Social en un plazo de 20 días hábiles desde la notificación de la sanción.
En esta demanda, el trabajador debe argumentar por qué la sanción es improcedente, presentando pruebas y, si es posible, testigos que respalden su postura.
4. Resolución del juicio laboral
El juez puede dictar tres tipos de resolución:
- Sanción procedente: La sanción se considera válida y se mantiene.
- Sanción improcedente: Se revoca la sanción o se reduce su gravedad.
- Sanción nula: Se anula la sanción si se demuestra que vulnera derechos fundamentales, pudiendo dar lugar a indemnizaciones.

Las sanciones laborales son medidas disciplinarias impuestas por el empleador cuando un trabajador incumple sus obligaciones. Pueden ser leves, graves o muy graves, dependiendo de la falta cometida. Sin embargo, el trabajador tiene derecho a impugnar la sanción si considera que es injusta, desproporcionada o contraria a la ley. Para ello, puede presentar un recurso interno en la empresa, acudir a la conciliación en el SMAC o, si es necesario, presentar una demanda ante el Juzgado de lo Social en un plazo de 20 días hábiles. Este derecho forma parte del reconocimiento de las garantías laborales y busca evitar sanciones arbitrarias, promoviendo relaciones laborales justas.